Facultad de Estudios Superiores Iztacala UNAM*
Las instituciones educativas son lugares primordiales para la formación y desarrollo de habilidades y aprendizajes, así como reguladoras de socialización al compartir espacio con otras personas que simpatizan en valores y creencias. Pertenecer a una institución permite convivir con
un grupo diverso de participantes entre estudiantes, docentes, familias y entidades académicas, dadas las afinidades y normas que se cumplen dentro de dicho sitio. Asimismo, son espacios donde se fortalece la identidad y pertenencia con los grupos que se conviven generando espacios multidiversos.
El distanciamiento por COVID-19 interrumpió el proceso formativo, limitando las expresiones de aprendizaje y las diversas convivencias. Este escenario favoreció el surgimiento de complicaciones críticas: dificultades de aprendizaje, ausentismo, rezago y violencia escolar (de Hoyos, 2020).
La violencia escolar ha tenido relevancia en los últimos años considerando las implicaciones que representa para las instituciones educativas. Se entiende a esta violencia como un conjunto de comportamientos repetitivos basados en el ejercicio desigual de poder entre víctima y victimario que afectan la convivencia de la comunidad dentro de los centros educativos (Argüelles, 2021). De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO,
La violencia escolar puede manifestarse de manera directa a través de agresiones verbales, físicas o sexuales en las áreas comunes del plantel (Frías & Gaxiola, 2008), o de forma indirecta mediante violencia psicológica o social dentro y fuera de este (Flores et al., 2025). Al desbordar los espacios físicos institucionales, esta problemática suele limitar la capacidad de prevención y atención de las autoridades.
Este panorama se complejizó drásticamente con la llegada de la pandemia por COVID-19. Las instituciones educativas se enfrentaron a un desafío sin precedentes ni protocolos previos, lo que las obligó a reconfigurarse de manera abrupta. Así, se requirió diseñar medidas emergentes para responder a las nuevas demandas de la comunidad, mientras se intentaba contener las crisis sociales y sanitarias globales que impactaban directamente en la convivencia escolar.
Este reto comenzó en
El uso de los medios virtuales se volvió parte de la vida cotidiana y en consecuencia fue difícil separar la actividad académica de lo personal, debido a que eran los mismos canales de comunicación, lo que suscitó conductas violentas para el estudiantado. Una de las problemáticas principales fue la violencia virtual, la cual hace referencia al abuso constante entre iguales que tiene como punto de partida el escenario tecnológico por medio de las redes sociales, presentándose de manera verbal, física, emocional o sexual (Prieto et al., 2015).
La gravedad del problema no es menor. Según cifras de Bullying Sin Fronteras citadas por Cedeño (2024), el acoso escolar causa 200 mil muertes anuales, ya sea en entornos presenciales o digitales, abarcando desde homicidios hasta la incitación al suicidio.
Otros cambios que se produjeron en la pandemia vinculados a la violencia escolar fueron el incremento de las dificultades de socialización, la carencia de habilidades para resolver conflictos, el déficit en el manejo de las emociones y la disminución de la tolerancia a la frustración (Robles & López, 2022).
Además de ser víctima de comportamientos violentos de manera directa o indirecta dentro del entorno escolar, el alumnado ha descuidado su propio bienestar
No obstante, éstas no son las únicas formas de daño; existen prácticas más sutiles que, al repetirse constantemente, perjudican la salud, tales como la mala higiene del sueño, la falta de ejercicio, la ingesta desmesurada de alimentos chatarra o azúcares, el consumo excesivo de alcohol y el uso abusivo de dispositivos electrónicos o redes sociales (Silva et al., 2024).
Si bien las conductas autoinfligidas ya tenían presencia en los entornos universitarios presenciales, la transición a la modalidad virtual durante la pandemia intensificó el desgaste emocional del alumnado debido a las cargas académicas excesivas y al agotamiento escolar. A este panorama se sumaron la restricción de la interacción social y la suspensión de actividades recreativas; factores que detonaron problemas de salud mental como estrés, ansiedad, depresión, tristeza y culpa. Estos estados se manifestaron mediante malestares físicos a través de fatiga crónica, insomnio, cefaleas y taquicardias (Robles &
Esta sintomatología emocional y psicosomática no se disipó con el regreso a las aulas; por el contrario, se entrelazó con las dinámicas de la violencia escolar postpandemia. Muestra de ello es un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el cual reportó que el estudiantado de fisioterapia presentó una alta prevalencia de ansiedad (62.7%), depresión (61.8%), estrés académico (51.0%) y una percepción de carga de trabajo elevada (42.2%) (Guevara et al., 2023).
Los datos mencionados permiten observar el panorama de la violencia escolar, con especial énfasis en la violencia autoinfligida. Por tanto,
Método
Diseño
Se realizó un estudio cuantitativo con diseño no experimental de tipo exploratorio-descriptivo.
Participantes
Se trabajó con estudiantes universitarios de la Licenciatura de Psicología de una universidad pública del Estado de México.
Los criterios de inclusión fueron ser estudiante universitario inscrito en segundo, cuarto, sexto u octavo semestre; firmar el consentimiento informado y participar de forma voluntaria y gratuita.
El tipo de muestreo utilizado fue selección por conveniencia, debido a la factibilidad de tener población cautiva para aplicar en condiciones temporales específicas.
Instrumentos
Se diseñó un cuestionario ad hoc, el cual fue aplicado en modalidad virtual a través de la plataforma Google Forms. El instrumento inicialmente tenía 36 ítems con escala tipo Likert de cinco niveles, que iban de totalmente de acuerdo hasta totalmente en desacuerdo. Posterior al jueceo de expertos, concluyó en 35 reactivos. El alfa de Cronbach fue de .936 determinando la significancia de su validez en su contenido. El cuestionario se integró por seis categorías de relaciones violentas basadas en la percepción del estudiantado: 1) alumnado-alumnado (seis ítems), 2) alumnado-profesorado (seis ítems), 3) alumnado-violencia autoinfligida (seis ítems), 4) alumnado-autoridad o personal administrativo (seis ítems), 5) alumnado-familia (cinco ítems) y 6) alumnado-medios digitales (seis ítems). El instrumento comenzaba con la frase: “Durante los entornos virtuales académicos posteriores al período pandémico por COVID-19…” seguida de los reactivos correspondientes a las categorías mencionadas.
Para este artículo, se seleccionaron seis de los 35 ítems del instrumento (reactivos 24 al 29) los cuales exploraban la percepción del estudiante sobre la violencia autoinfligida. Los reactivos analizados fueron: 24) Tenía pensamientos, fantasías o impulsos suicidas de manera recurrente; 25) Consumía tres o más veces a la semana tabaco, alcohol o alguna otra sustancia que afectaba mi estado de ánimo; 26) Me sentía decepcionada(o) de mí misma(o) ante la exigencia del trabajo escolar; 27) Perdí el control de la cantidad de tiempo diario que invertía en vídeo juegos y en redes sociales; 28) Descuidé mi alimentación y empecé a aumentar o disminuir drásticamente mi peso corporal; y 29) No respeté mis horarios de sueño afectando mis actividades escolares.
Procedimiento
Análisis de datos
Aspectos éticos
La investigación
Resultados
La muestra de participantes fue de 1,527 estudiantes de pregrado,
En la Tabla 1 se reportan los porcentajes totales por ítem, para un mejor análisis, se sumarán los porcentajes de las respuestas de Totalmente de acuerdo y De acuerdo que visibilizan la existencia de las conductas de violencia autoinfligidas en contexto pospandémico.
Tabla 1
Resultados del instrumento aplicado de la categoría violencia autoinfligida
TA | DA | NAND | ED | TD | |
24. Tenía pensamientos, fantasías o impulsos suicidas de manera recurrente. | 7.0% | 16.4% | 12.6% | 16.8% | 47.2% |
25. Consumía tres o más veces a la semana tabaco, alcohol o alguna otra sustancia que afectaba mi estado de ánimo. | 5.3% | 8.7% | 7.9% | 16.8% | 61.3% |
26. Me sentía decepcionada(o) de mí misma(o) ante la exigencia del trabajo escolar. | 22.9% | 38.8% | 10.2% | 10% | 18.1% |
27. Descuidé mi alimentación y empecé a aumentar o disminuir drásticamente mi peso corporal. | 23.1% | 34.6% | 12.2% | 11.7% | 18.5% |
28. Perdí el control de la cantidad de tiempo diario que invertía en vídeo juegos y en redes sociales. | 24.2% | 35.3% | 10.8% | 11.3% | 18.4% |
29. No respeté mis horarios de sueño afectando mis actividades escolares. | 33.7% | 36.7% | 8.6% | 9.6% | 11.3% |
Nota. TA= Totalmente de acuerdo, DA= De acuerdo, NAND= Ni de acuerdo ni en desacuerdo, ED= En desacuerdo, TD=Totalmente en desacuerdo.
En contraste, el ítem 24, relacionado con pensamientos o impulsos suicidas recurrentes, presentó el porcentaje más bajo (23.4 %). No obstante, este resultado corresponde a 216 estudiantes de la muestra total, de los cuales 107 (49.5 %) pertenecían a la Licenciatura en Psicología.
Para identificar la mayor probabilidad de violencia escolar en la muestra se realizó la prueba de correlación de Spearman con los ítems que tuvieron mayor porcentaje de respuestas de Totalmente de acuerdo y De acuerdo. En la Tabla 2 se muestra una correlación débil entre la violencia autoinfligida y los cuatro ítems elegidos.
Resultados de Correlación de rangos de Spearman en la categoría violencia autoinfligida
ρ | Sig. (bilateral) | |
25. Consumía tres o más veces a la semana tabaco, alcohol o alguna otra sustancia que afectaba mi estado de ánimo. | -.079 | 0.01 |
26. Me sentía decepcionada(o) de mí misma(o) ante la exigencia del trabajo escolar. | .122 | 0.01 |
27. Descuidé mi alimentación y empecé a aumentar o disminuir drásticamente mi peso corporal. | .147 | 0.01 |
29. No respeté mis horarios de sueño afectando mis actividades escolares. | .063 | 0.05 |
Nota. ρ= Coeficiente de correlación de rangos de Spearman. Sig.= Grado de correlación.
En la Tabla 3 se presentan los porcentajes por grupo y los resultados de la prueba de Chi-cuadrada, mediante la cual se contrastaron los niveles de violencia autoinfligida en función del sexo. Esta prueba se aplicó con el propósito de determinar si existía una relación estadísticamente significativa entre los ítems evaluados y el sexo del estudiantado.
Los resultados indicaron una asociación significativa, aunque débil (p <.001), en el ítem 25 -referente al consumo recurrente semanal de sustancias (tabaco, alcohol u otras) que afectan el estado de ánimo- en relación con el sexo.
Comparativa entre sexo e ítems de categoría violencia autoinfligida
Sexo | TA | DA | Total | χ² | Gl | Sig. (bilateral) | ||||||||
24.Tenía pensamientos, fantasías o impulsos suicidas de manera recurrente. | MUJER | 5.1% | 11.8% | 16.9% | 28.635 | 8 | .000 | |||||||
HOMBRE | 1.6% | 4.3% | 5.9% | |||||||||||
OTRO | 0.3% | 0.3% | 0.6% | |||||||||||
25. Consumía tres o más veces a la semana tabaco, alcohol o alguna otra sustancia que afectaba mi estado de ánimo. | MUJER | 3.0% | 5.3% | 8.3% | 26.201 | 8 | <.001 | |||||||
HOMBRE | 2.2% | 3.3% | 5.5% | |||||||||||
OTRO | 0.1% | 0.1% | 0.2% | |||||||||||
26. Me sentía decepcionada(o) de mí misma(o) ante la exigencia del trabajo escolar. | MUJER | 17.8% | 27.8% | 45.6% | 33.564 | 8 | .000 | |||||||
HOMBRE | 4.7% | 11.0% | 15.7% | |||||||||||
OTRO | 0.3% | 0.1% | 0.4% | |||||||||||
27.Descuidé mi alimentación y empecé a aumentar o disminuir drásticamente mi peso corporal. | MUJER | 18.5% | 25.3% | 43.8% | 57.217 | 8 | .000 | |||||||
HOMBRE | 4.3% | 8.8% | 13.1% | |||||||||||
OTRO | 0.3% | 0.4% | 0.7% | |||||||||||
28. Perdí el control de la cantidad de tiempo diario que invertía en vídeo juegos y en redes sociales. | MUJER | 17.1% | 25.0% | 42.1% | 12.506 . | 8 | .130 | |||||||
HOMBRE | 6.7% | 10.0% | 16.7% | |||||||||||
OTRO | 0.4% | 0.3% | 0.7% | |||||||||||
29. No respeté mis horarios de sueño afectando mis actividades escolares. | MUJER | 25.2% | 24.9% | 50.1% | 13.511 | 8 | .095 | |||||||
HOMBRE | 8.1% | 11.5% | 19.6% | |||||||||||
OTRO | 0.4% | 0.3% | 0.7% | |||||||||||
Nota. TA= Totalmente de acuerdo. DA= De acuerdo. Χ2= Chi-cuadrado, gl= Grados de libertad. Sig.= Grado de correlación.
Comparativa entre semestre e ítems de categoría violencia autoinfligida
Semestre | TA | DA | Total | χ² | gl | Sig. (bilateral) |
| |
24.Tenía pensamientos, fantasías o impulsos suicidas de manera recurrente. | SEGUNDO | 1.7% | 4.3% | 6% | 19.481 | 12 | .078 |
|
CUARTO | 2.8% | 6.2% | 9% |
| ||||
SEXTO | 1.0% | 3.1% | 4.1% |
| ||||
OCTAVO | 1.5% | 2.8% | 4.3% |
| ||||
25. Consumía tres o más veces a la semana tabaco, alcohol o alguna otra sustancia que afectaba mi estado de ánimo. | SEGUNDO | 0.7% | 1.9% | 1.97% | 15.260 | 12 | .228 |
|
CUARTO | 2.2% | 3.2% | 5.4% |
| ||||
SEXTO | 0.8% | 1.4% | 2.2% |
| ||||
OCTAVO | 1.6% | 2.2% | 3.8% |
| ||||
26. Me sentía decepcionada(o) de mí misma(o) ante la exigencia del trabajo escolar. | SEGUNDO | 5.2% | 9.5% | 14.7% | 18.750 | 12 | .095 | |
CUARTO | 8.4% | 14.0% | 22.4% | |||||
SEXTO | 4.6% | 6.2% | 10.8% | |||||
OCTAVO | 4.6% | 9.1% | 13.7% | |||||
27.Descuidé mi alimentación y empecé a aumentar o disminuir drásticamente mi peso corporal. | SEGUNDO CUARTO SEXTO | 5.0% 8.2% 4.6% | 8.2% 11.8% 5.4% | 13.2% 20% 10% | 9.369 | 12 | .671 |
|
OCTAVO | 5.3% | 9.2% | 14.5% |
| ||||
28. Perdí el control de la cantidad de tiempo diario que invertía en vídeo juegos y en redes sociales. | SEGUNDO | 6.3% | 8.9% | 15.2% | 23.006 | 12 | .028 |
|
CUARTO | 8.7% | 11.9% | 20.6% |
| ||||
SEXTO | 4.8% | 6.5% | 11.3% |
| ||||
OCTAVO | 4.4% | 7.9% | 12.3% |
| ||||
29. No respeté mis horarios de sueño afectando mis actividades escolares. | SEGUNDO | 7.7% | 8.9% | 16.6% | 24.950 | 12 | .015 |
|
CUARTO | 12.3% | 12.6% | 24.9% |
| ||||
SEXTO | 6.7% | 6.2% | 12.9% |
| ||||
OCTAVO | 7.0% | 9.0% | 16% |
| ||||
Nota. TA= Totalmente de acuerdo, DA= De acuerdo. Χ2= Chi-cuadrado, gl= Grados de libertad. Sig.= Grado de correlación.
En resumen, respecto a la variable sexo, se observó la presencia de violencia en ambos grupos; sin embargo, la prevalencia fue mayor en las mujeres. En cuanto al semestre, los porcentajes más altos de violencia autoinfligida se concentraron en cuarto y octavo semestre, aunque no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre estas variables.
Discusión
Los resultados de este estudio permiten identificar los factores de riesgo asociados con la violencia escolar autoinfligida en universitarios en el contexto de la postpandemia, así como su relación con las variables sexo y semestre.
En el caso de los hábitos de
Del mismo modo, los datos con respecto
Por otro lado, los hallazgos relacionados con los sentimientos de decepción personal ante las demandas escolares se reafirman con el estudio de Rodríguez et al. (2025), quienes señalan que el principal desafío universitario fue la adaptación a las nuevas modalidades de aprendizaje, bajo sentimientos de insuficiencia, agotamiento y miedo al contagio. Asimismo, Fernández (2021) indica que el estudiantado enfrentó emociones de miedo, estrés y tristeza derivadas de la pandemia y postpandemia. Estas situaciones personales, escolares y laborales provocaron un desequilibrio psicoemocional difícil de gestionar en dicho periodo. Lo anterior implica que la percepción del estudiantado está influenciada por los contextos sociales; es decir, sus sentimientos emergen y se consolidad a partir de sus vivencias. Por tanto, la acumulación de eventos estresantes -como la carga de trabajo académico, la falta de organización, el desequilibrio en las rutinas y las actividades extracadémicas (laborales o domésticas)- puede derivar en cuadros de estrés, ansiedad o depresión si se prolongan por un largo tiempo (Leal-Soto et al., 2023).
Con respecto a la pérdida de control del tiempo en videojuegos y redes sociales, este fenómeno puede atribuirse al uso del mismo dispositivo electrónico (principalmente el teléfono móvil), tanto para hacer actividades académicas como de entretenimiento. En este contexto, los medios electrónicos fueron el principal recurso de distracción y socialización. Algunos estudios como el de Carpio et al. (2021), confirman un aumento significativo en las horas dedicadas al uso de internet y dispositivos electrónicos vinculadas principalmente a necesidades académicas y socio comunicativas. Para el
Asimismo, en cuanto al uso excesivo de videojuegos y redes sociales, se encontró una mayor prevalencia en mujeres que en hombres. Esto coincide con lo planteado por Gómez y Martínez (2022), quienes sostienen que el uso del internet está influenciado por el género; mientras las mujeres utilizan el internet para comunicarse y las redes sociales como medio de interacción, los hombres optan por videojuegos con fines de entretenimiento que suelen reforzar los roles de género tradicionales. Además, cabe precisar que, las mujeres reportan menor uso del tiempo en internet debido a la doble jornada que incluye labores domésticas y de cuidado.
Respecto al descuido en la alimentación y los cambios drásticos en el peso corporal, se observa una clara desatención de los hábitos saludables. Si bien estos descuidos ya existían antes de la pandemia, se acentuaron durante el confinamiento y posterior a este, debido al fácil acceso a la comida en casa y al sedentarismo. Lo anterior coincide con lo expuesto por Reyes et al. (2023) quienes señalan que el 57 % del alumnado reportó un aumento de peso vinculado a la alteración en la actividad física y dieta alimenticia. La juventud se vio obligada a adoptar un estilo de vida sedentario, agravado por las desigualdades socioeconómicas familiares (Muñoz et al., 2022).
De igual manera, respecto al cambio drástico de peso, se encontró que las mujeres presentan un mayor porcentaje de hábitos poco saludables en comparación con los hombres, destacando la falta de ejercicio y el consumo de alimentos procesados. Estos resultados son similares a los encontrados por Ramón et al. (2019) quienes afirman que las mujeres muestran una dieta menos saludable, con una mayor ingesta de azúcares. Sin embargo, Feraco et al. (2024), aseguran que las mujeres suelen ser más cuidadosas con su alimentación debido a las dinámicas de género que influyen en sus preferencias nutricionales. Esta contradicción sugiere que, si bien el estudiantado femenino puede presentar malos hábitos, sus decisiones alimentarias suelen estar fuertemente ligadas a la presión social y a los mandatos de género sobre el aspecto físico y el peso ideal.
Por otra parte, respecto al ítem sobre la presencia de pensamientos, fantasías o impulsos suicidas recurrentes, se encontraron variaciones significativas. Si bien no fue el ítem con mayor predominio de respuesta, el 23.4 % indica que aproximadamente una cuarta parte del estudiantado se encontró en riesgo de atentar contra su vida. Este resultado podría derivar de sentimientos de incertidumbre, hábitos poco saludables, ausencia de redes de apoyo, estrés o ansiedad. En este sentido, Sanabria et al. (2021) mencionan que el riesgo suicida se eleva ante la desesperanza, la ansiedad y la falta de vínculos familiares o sociales sólidos. Asimismo, Robles et al. (2024) plantean que los problemas económicos, los conflictos familiares, el abuso físico y el duelo por fallecimientos familiares derivados del COVID-19 incrementaron la ideación suicida. Lo anterior sugiere que el riesgo no sólo depende del estado emocional individual, sino también
En cuanto al consumo excesivo de tabaco, alcohol u otras sustancias que afectan el estado de ánimo, los resultados mostraron porcentajes bajos de
Al analizar los resultados, se identificó una asociación significativa entre el consumo de sustancias nocivas y el sexo del estudiantado. Aunque los porcentajes generales son bajos, la relación es estadísticamente relevante. Según Méndez et al. (2023), las mujeres presentan una mayor frecuencia en el consumo de alcohol, mientras que los hombres ingieren un mayor volumen, lo que incrementa el riesgo de desarrollar dependencia. En el caso de los varones, el consumo suele utilizarse como un mecanismo de afrontamiento y escape de situaciones estresantes debido a dificultades para expresar emociones de tristeza o miedo al mostrarse débiles, factores limitados por los estereotipos de género tradicionales.
Para el indicador de semestre, se observó una mayor ocurrencia de violencia percibida entre estudiantes de cuarto y octavo semestre, aunque no hubo una relación estadísticamente significativa entre ambas variables. En el cuarto semestre, este resultado podría asociarse a una convivencia más estrecha entre pares, lo que puede derivar en conflictos o dinámicas violentas. Para el octavo semestre, la vulnerabilidad podría explicarse por la carga académica y el estrés derivado de las prácticas o servicio social.
Finalmente, entre las limitaciones de este estudio destaca el tamaño de la muestra, el cual debería ampliarse en futuros estudios para garantizar una mayor representatividad y estandarización que minimice los sesgos. Además, el haberse limitado a una sola universidad, sugiere en próximas investigaciones incluir instituciones educativas privadas y diversificar el análisis hacia otros tipos de violencias (física, patrimonial, económica, sexual o emocional), profundizando en la relación con la salud mental.
Conclusiones
Este estudio exploratorio permitió identificar los factores de riesgo que intervienen en la violencia escolar autoinfligida en universitarios en el contexto de la postpandemia Se concluye que estas conductas se manifestaron de diversas formas en la vida cotidiana, destacando factores como los trastornos alimenticios, la higiene del sueño deficiente, el consumo de sustancias nocivas y el uso excesivo de videojuegos o redes sociales. Si
Por último, resulta necesario implementar estrategias de atención a la salud psicológica en entornos virtuales como un medio efectivo de acercamiento a la población universitaria. Estos espacios digitales facilitan la promoción y difusión de herramientas para la detección e intervención oportuna. Por ello, es vital fomentar estilos de vida saludables y monitorear las señales de advertencia, abordando la estigmatización de las conductas autoinfligidas desde una perspectiva de género. En definitiva, se requiere seguir investigando sobre este tipo de violencia en escenarios digitales, con el fin de intervenir tempranamente, incentivar la búsqueda de ayuda profesional y comprender las repercusiones integrales en el estudiantado.
Agradecimientos
Por el financiamiento de la DGAPA UNAM en el proyecto PAPIIT IG300125. Estudio sobre la percepción de la violencia escolar universitaria en entornos virtuales académicos.
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Alba Luz Robles Mendoza. Correo electrónico: albaluz.robles@iztacala.unam.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3778-4083